
Hermano, entender el propósito de nuestros actos es fundamental porque, en realidad, el propósito lo es todo y constituye el único criterio real para evaluar el significado de cualquier cosa en nuestras vidas. Debes comprender que nada en este mundo tiene un significado inherente por sí mismo, sino que tú le otorgas toda la realidad y el sentido que tiene según el propósito al que sirva en tu mente. En este sueño solo existen dos propósitos posibles que gobiernan todo lo que ocurre: el del ego, que busca reforzar la separación y mantenernos en un estado de «ausencia de mente» para que no despertemos, o el del Espíritu Santo, que utiliza cada situación como un aula para aprender el perdón y la unión.
Por eso, la pregunta crucial que debemos aprender a plantearnos ante cualquier circunstancia o conflicto no es qué está pasando en la superficie, sino «¿para qué es esto?» o «¿qué es lo que quiero que resulte de esta situación?». Esta pregunta es la que nos devuelve inmediatamente a la mente tomadora de decisiones, recordándonos que el cuerpo y el mundo son medios neutrales que no tienen poder alguno para quitarnos la paz a menos que nosotros se lo otorguemos. Al definir el objetivo al principio de cualquier encuentro, determinas inevitablemente el resultado y cómo experimentarás lo que sucede, ya que ese propósito dirigirá tus esfuerzos de manera automática.
Elegir el para qué
Si eliges el propósito del ego, el mundo y el cuerpo se convierten en una prisión de culpa, ataque y victimismo; pero si eliges el del Espíritu Santo, ese mismo mundo se transforma en el medio bendito para reconocer que tus intereses y los de tus hermanos son en realidad los mismos. De esta manera, lo que importa no es nunca la forma de tus actos o la conducta externa, sino el contenido de amor o miedo que has elegido como guía en tu interior, pues es ese contenido el que verdaderamente enseña y sana. Al final, hermano, el único propósito que tiene sentido mientras estemos en el tiempo es usar cada momento para deshacer la creencia en la separación y recordar el Amor de Dios que compartimos.