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Aplicando el perdón con un compañero de trabajo difícil (Sin caer en la magia)

Buenas tardes. Quiero compartir una situación para ver si me ayudan a enfocarla desde la mente recta. Tengo un compañero de trabajo que constantemente me desacredita ante mi jefe. Siento mucha rabia y ganas de defenderme. Sé que el Curso dice que es mi pantalla de proyección, pero me cuesta horrores no reaccionar. ¿Cómo se aplican aquí los tres pasos del perdón de los que habla Gary? No quiero usar la "magia" de intentar cambiarlo a él o aguantar el maltrato sonriendo falsamente.

Hola. Qué gran oportunidad de práctica nos traes, aunque el ego lo pinte como un problema. Precisamente Ken Wapnick insistía en que el perdón no es externo, sino un cambio de mentalidad.

Mirando la situación con los tres pasos que describe Gary Renard en sus libros, el enfoque sería este:

  1. Paso 1: Te recuerdas que lo que estás viendo ahí fuera (la hostilidad de tu compañero) no es real. Es una proyección de la culpa inconsciente que está en tu propia mente por la aparente separación de Dios. Tu compañero es solo el espejo que el ego usa para que mires fuera y te olvides de mirar dentro.

  2. Paso 2: No te condenes por sentir rabia. El ego quiere que te sientas culpable por reaccionar. En lugar de eso, mira esa rabia de la mano del Espíritu Santo (o de Jesús), como un espectador neutral. Di: "Elegí al maestro equivocado para interpretar esto, pero ahora elijo de nuevo".

  3. Paso 3: Entrega la situación. Le dejas el problema al Espíritu Santo para que sane la causa en tu mente.

Respecto a lo que dices de la "magia": Ken siempre aclaraba que el Curso se practica en la mente, no en la conducta. Si en el nivel del mundo tienes que hablar con recursos humanos o poner un límite, hazlo, pero hazlo habiendo perdonado primero en tu mente. Así actuarás desde la paz y no desde el ataque. ¡Mucho ánimo!

Si por ejemplo ante un peligro, supón que me persigue un animal furioso, por decir cualquier cosa, no debería yo salir corriendo? Si tu pareja te dice que cenáis juntos, no acude y se olvida de llamarte, no deberías decirle que eso es irresponsable por su parte y hace daño a la otra persona? O a qué se refiere con no hacer nada en el exterior, a otra cosa?

Mira, Luz, esta es una de las dudas que más nos asaltan cuando empezamos a estudiar, pero la respuesta es muy liberadora: si un animal furioso te persigue o estás en peligro, por supuesto que sales corriendo y haces lo que sea necesario para protegerte. El Curso no te pide que seas un mártir ni que dejes que te atropellen, pues la "indefensión" de la que habla no significa dejar de proteger tu cuerpo si alguien te ataca, sino dejar de defender al estúpido ego que no es quien tú eres. Una de las reglas de oro que Kenneth Wapnick siempre nos recordaba es que debemos ser normales, lo que significa actuar con sentido común en el mundo de los cuerpos mientras aprendemos que nuestra verdadera identidad no está ahí.

Cuando Jesús nos dice en el texto que "no tenemos que hacer nada", no se refiere a quedarnos quietos como estatuas, sino a dejar de intentar resolver los problemas por nuestra cuenta con el maestro del miedo. "No hacer nada" es en realidad un estado mental de descanso donde dejas de darle valor al cuerpo y permites que el Espíritu Santo sea quien dirija tus acciones, de modo que tu cuerpo se convierta en un instrumento de amor que simplemente fluye.

En el caso de tu pareja, puedes decirle perfectamente que su conducta no te ha gustado, pero la clave está en el propósito: si lo haces para que se sienta culpable y demostrar que tú tienes razón y ella no, estás reforzando la separación. Un maestro de Dios puede ser firme o corregir la "forma" de un error si es necesario, pero lo hace sin ira y sin ver al otro como un pecador, reconociendo que su falta de atención es en realidad una petición de amor. Al final, lo que importa no es lo que haces externamente, sino el propósito que le das en tu mente: o usas la situación para atacar y separarte, o la usas como una clase para practicar el perdón y recordar que vuestros intereses son los mismos. El milagro siempre ocurre en la mente al cambiar tu interpretación de la causa, y a partir de esa paz interior, tu comportamiento en el mundo será el más amoroso y adecuado para cada momento.

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