El origen de un curso de milagros

Todo empezó en 1965 con una “súbita decisión” de Helen Schucman y Bill Thetford, dos profesores de psicología de la Universidad de Columbia, de unirse para encontrar “otra manera” de relacionarse tras años de tensiones.

La historia de la transcripción

Helen comenzó a escuchar una “Voz” interna en octubre de 1965 que le dio una instrucción clarísima: “Éste es un curso de milagros. Por favor, toma notas” (Helen Schucman, Autobiografía). El proceso duró siete años y fue una “verdadera empresa de colaboración”: Helen anotaba el dictado en cuadernos de taquigrafía y al día siguiente se lo leía a Bill, quien lo pasaba a máquina. Bill solía bromear diciendo que escribía “con una mano sobre Helen y la otra en la máquina de escribir” para ayudarla con su ansiedad (Kenneth Wapnick, Ausencia de felicidad).

La tarea de Kenneth Wapnick

Ken se unió al equipo en 1973. Su labor técnica fue monumental, realizando “más de tres años de correcciones, relecturas, búsqueda de errores y mejoras de los títulos” (Carol Howe, Nunca te olvides de reír). Helen y Ken pasaron “más de mil horas determinando la puntuación precisa y lo que debía ir en mayúsculas” para que el material fuera totalmente claro (Viaje sin distancia, Robert Skutch).

Reacciones de los protagonistas

  • Helen Schucman: Experimentó un “agudo terror” y pánico ante el proceso. Aunque lo consideraba la “obra de su vida”, le dijo a Bill: “Sé que el Curso es verdad, Bill… pero no creo en él” (Viaje sin distancia).
  • Bill Thetford: Al leer las primeras notas, quedó “absolutamente anonadado”. Lo encontró “enormemente práctico” para sanar sus relaciones laborales.
  • Judith Skutch: Cuando vio el manuscrito, se sintió “electrificada” y supo de inmediato: “Este es el mapa de vuelta a casa” (Viaje sin distancia).

El trasfondo de Bill y el mensaje de perdón

Bill nació en Chicago y sufrió la pérdida de su hermana a los siete años, una tragedia que hizo que sus padres renunciaran a su religión. Poco después, él enfermó gravemente de fiebre reumática y estuvo postrado en cama dos años. Carol Howe relata en Nunca te olvides de reír que “Bill aprendió el arte de la rendición a una edad temprana”, y esa introspección forzada aceleró su desarrollo espiritual.

De la guerra a la paz espiritual

Bill tuvo un cambio radical en su vida profesional:

  • Trabajo de guerra: “Colaboró primero… en el proyecto que produjo una devastación despiadada” (el Proyecto Manhattan para la bomba atómica).
  • Hacia la paz: Más tarde trabajó con Carl Rogers en la “mirada incondicionalmente positiva”. Finalmente, al mudarse a California, Bill personificó el perdón, diciendo que practicarlo era para él un “trabajo a tiempo completo”. Adoptó la “amnesia celestial”, que consiste en “practicar el olvido de todo lo no amoroso de nuestro pasado” (Nunca te olvides de reír).

Los problemas de copyright

Kenneth Wapnick denunció en un manuscrito citado en Nunca te olvides de reír que el material original sufrió robos legales: “Con falsas pretensiones, los libros de notas [de Helen] y el Urtext fueron tomados de la Biblioteca del Congreso y copiados, una violación de la ley federal”. Las personas que obtuvieron este material ilegalmente “lo habían escaneado o remecanografiado, y lo habían colgado de Internet… para su venta”.

Por David

Creador de uncursodemilagros.online. Estudiante y facilitador del curso desde el 2000. Autor del libro La paz como elección

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