Si alguna vez sientes que el mundo está patas arriba, Un curso de milagros te daría la razón de inmediato. El libro enseña que tu percepción actual está totalmente invertida y funciona al revés de la verdad. Tú crees que el mundo exterior es la causa de tus problemas y que tu mente reacciona como un efecto. En realidad, la mente es la única causa real y el mundo es simplemente su efecto proyectado.
Así pues, la apariencia es realmente una ilusión que desmiente la realidad. Del mismo modo, nuestra experiencia de que Jesús o el Espíritu Santo hacen cosas para nosotros, o nos dicen cosas a nosotros, es la ilusión que desmiente la realidad de que nosotros somos los verdaderos agentes de nuestras palabras y acciones. Es esencial que nos demos cuenta de que somos nosotros los que elegimos alejarnos de la presencia del amor y de la luz en nuestras mentes, a la cual nos referimos como el Espíritu Santo o Jesús. Así que somos nosotros los que tenemos que decidirnos a regresar a esta fuente de luz estacionaria. El movimiento de la mente—el alejarse del amor y luego retornar a él—es nuestra responsabilidad.
Kenneth Wapnick – Ausencia de felicidad
La mente como proyector
Tu mente funciona como una cabina de proyección en un cine. Tú eliges la película en tu interior y luego la ves reflejada en la pantalla que llamas “realidad”. El ego te convence de que la imagen de la pantalla puede herirte, ocultando el hecho de que tú mismo eres el guionista y el director. Esta inversión protege tu sistema de pensamiento de separación porque te permite culpar a otros de tu falta de paz.
El engaño de los sentidos físicos
Tus ojos físicos no ven realmente, sino que fabrican imágenes de lo que tú deseas contemplar. Un ejemplo muy claro de esta mentira sensorial es el movimiento del sol. Tus sentidos te aseguran cada mañana que el sol sale y se mueve por el cielo mientras la tierra permanece quieta. La ciencia demuestra lo contrario: la tierra gira y el sol está estacionario, probando que tus ojos te mienten constantemente.
Otro ejemplo asombroso ocurre en tu propia retina. La imagen física que entra en tu ojo llega literalmente invertida, es decir, cabeza abajo. Tu cerebro corrige esa posición automáticamente para que creas que estás sentado en una silla y no colgado del techo. El Curso utiliza este hecho biológico para recordarte que tu visión psicológica también está del revés y necesita una corrección profunda.
La paradoja de dar y recibir
En el mundo de los cuerpos, tú crees que si das algo, te quedas con menos. Esta lógica de escasez domina la economía y las relaciones humanas. El Curso invierte esta creencia y afirma que dar y recibir son exactamente lo mismo. Al ofrecer amor o perdón a un hermano, tu mente reconoce que posee esos dones y los conserva para sí misma.
La enfermedad como una elección
Tú percibes la enfermedad como un ataque externo de virus, bacterias o mala suerte genética. Te sientes una víctima indefensa de un cuerpo vulnerable que enferma sin tu permiso. Sin embargo, el Curso enseña que la enfermedad es en realidad una decisión de la mente para castigarse o evadir la verdad. Tu mente utiliza el cuerpo como un chivo expiatorio para no mirar la culpa que oculta en su interior.
El papel del milagro
El milagro tiene la función única de enderezar esta percepción invertida. Su labor consiste en devolver a la causa su función de ser causa, retirando el poder que le habías otorgado al mundo. Al practicar el milagro, dejas de intentar cambiar lo que sucede “ahí fuera” y eliges cambiar tu mentalidad. Solo entonces descubres que el mundo que te aterraba no existe y que nunca abandonaste tu verdadero hogar.
El milagro, para completar todo este cuadro, simplemente invierte lo que el ego ha hecho. Por eso es extremadamente importante no confundir lo que milagro significa en el Curso con nada externo. El milagro toma nuestra atención, que ha divagado de nuestras mentes y se ha instalado en el cuerpo, y la trae de regreso al tomador de decisiones. Así que el milagro tan solo nos recuerda que efectivamente tenemos una opción. El milagro dice que mi problema no está fuera de mí en el cuerpo, no es lo que el mundo me está haciendo ni lo que mi cuerpo me está haciendo, no es lo que mi familia me ha hecho. Mi problema es lo que yo me he hecho. El único error que todos cometimos como un solo Hijo, justo al principio, es el mismo error que cometemos a cada rato, una y otra vez. Hicimos la elección equivocada. Soltamos la mano del Espíritu Santo y tomamos la mano del ego. El milagro no hace más que traernos de regreso a nuestras mentes para que podamos elegir otra opción.
Kenneth Wapnick – La metafísica de un curso de milagros