Entender el papel del Espíritu Santo es fundamental para que tu práctica de Un curso de milagros tenga sentido. Es la herramienta principal en el curso porque él es el que perdona, si le dejamos. Él constituye el último vínculo de comunicación que queda entre Dios y Sus Hijos aparentemente separados. Él habita en tu mente como el recuerdo del Amor perfecto de Dios. Esta presencia garantiza que tu conexión con el Creador permanezca intacta a pesar de tus sueños de separación. Dios situó Su Respuesta en tu propia mente justo en el instante en que la separación pareció ocurrir.
El Maestro que reinterpreta tu realidad
Tu Maestro interno emplea el perdón como el gran instrumento de enseñanza para deshacer el ego. Él no intenta cambiar el mundo externo ni manipular los sucesos físicos de tu vida. En lugar de eso, el Espíritu Santo reinterpreta tus percepciones y les otorga un nuevo propósito. Él transforma tus relaciones especiales y destructivas en relaciones santas y milagrosas. Mediante Su guía, aprendes a ver cada ataque de un hermano como una simple petición de ayuda o de amor.
Él te enseña a mirar más allá del cuerpo y a reconocer la verdad que oculta el velo de la ilusión. El Espíritu Santo se vale únicamente de lo que tu mente ya comprende para instruirte con paciencia. Tu papel consiste simplemente en aportar una pequeña dosis de buena voluntad para aceptar Su guía. Él realiza el trabajo de limpiar tu mente de resentimientos mientras tú te retiras y le permites actuar. Al final del proceso, descubres que los demás nunca te hicieron nada en realidad.
Espíritu Santo es, imaginándolo, como el vínculo de comunicación entre Dios y nosotros, sus hijos separados.
El vínculo de comunicación. Seguramente, todos hemos tenido la adversa —y por qué no nefasta— experiencia de orar y no recibir respuesta. Sin embargo, ¿qué hemos pedido? Una miríada de cosas huecas, deseos caprichosos que no significan nada. Vale también esta explicación para cuando pedimos felicidad, luz o toda otra vivencia que este libro o cualquier otro inspiren.
Cuando en oración pedimos estas cosas —y acordemos que para la mayoría de las personas buscar la luz es algo bueno, espiritual y elevado— es fundamental reconocer que en verdad estamos reforzando la idea de que no somos ni luz, ni júbilo, ni algo bueno, espiritual o elevado. Todos podemos caer en la tentación de pedir algo que niegue nuestro Ser.
Patricia Besada – El libro de los milagros
El representante del principio de la Expiación
El Espíritu Santo personifica el principio de la Expiación dentro del sueño de la separación. Este principio afirma categóricamente que la separación de Dios nunca sucedió en la realidad. Su Voz te recuerda constantemente que permaneces tal como Dios te creó: uno con Él y con toda la creación. Él disipa la culpa mediante el sereno reconocimiento de que el pecado nunca existió. Al aceptar Su visión, reconoces la impecabilidad inalterable de todo lo que Dios creó.
Esta alternativa divina corrige todos tus errores de percepción y reconcilia los opuestos. El Espíritu Santo conserva el plan de salvación en Su Mente y te lo comunica de forma específica. Él ignora todos los testigos inútiles del cuerpo que dan falso testimonio del Hijo de Dios. Su presencia constituye la prueba de que el Padre y el Hijo siguen siendo uno solo. Él te libera de la pesada carga de creer que debes castigarte por tus equivocaciones.
Volvamos a considerarnos como observadores sentados frente a una pantalla. Tenemos una colección de cintas de la pesadilla del ego y otra colección que contiene la corrección del Espíritu Santo para todos los errores. Tanto el problema como la respuesta ocurrieron simultáneamente en esa fracción de segundo. Así, este pasaje nos dice que mientras estamos sentados en la silla del observador, el Espíritu Santo está dentro de nuestras mentes susurrándonos: «Te sentirás mejor si reproduces mis cintas de unión, perdón y curación, en lugar de las cintas del ego de condena y juicio». Este pensamiento de perdón constituye el plan del Espíritu Santo. Las palabras parecen sugerir que el Espíritu Santo opera en el tiempo, pero esto es para corregir la noción de que Dios o el Espíritu Santo actúan para castigarnos, haciéndonos sufrir por amor para que al final podamos alcanzar el Reino, o bien como una expresión de Su ira vengativa, justificada por nuestro pecado contra el Cielo.
El guía en el aula del mundo
Él utiliza lo que tú fabricaste para atacar y lo convierte en un recurso de aprendizaje. El Espíritu Santo ve el mundo únicamente como un aula escolar y el cuerpo como un medio de comunicación y comunión. Él se vale del tiempo para lograr que este finalmente se haga innecesario. Sus lecciones acortan tu jornada y te ahorran miles de años de sufrimiento inútil. Él camina a tu lado mientras te diriges hacia el despertar definitivo del sueño.
Su labor principal consiste en colapsar el tiempo mediante el mecanismo del milagro. El Espíritu Santo utiliza tu memoria no para conservar el pasado, sino para renunciar a él definitivamente. Él te enseña que solo el presente tiene significado real y que el futuro ya está resuelto. Mediante el instante santo, Él te permite vislumbrar la eternidad mientras todavía pareces estar aquí. Su objetivo final implica que reconozcas que eres el soñador y no la víctima del sueño.
Sin embargo, el Curso nos hace saber que hay otra parte de nuestra mente. Jesús dirige su mensaje a la parte de nuestra mente encargada de tomar decisiones, aquella que eligió el ego. Nos recuerda que hay otro Maestro interno que sigue estando a nuestra disposición: el Espíritu Santo. Nos informa de que elegir al Espíritu Santo en lugar del ego no nos llevará a nuestra destrucción, sino más bien a un despertar gradual y a encontrarnos en casa, en el Cielo, aún a salvo en el Amor de Dios.
El Espíritu Santo representa el recuerdo del Amor de Dios que trajimos con nosotros a este sueño. Si acudimos al Espíritu Santo en busca de ayuda, Él transformará cualquier situación de nuestra vida en un aula de perdón. Lo hace recordándonos que no nos hemos separado del Amor de Dios, ni tampoco ninguno de nuestros hermanos. A medida que empecemos a comprender esto cada vez mejor, veremos que todos compartimos el mismo ego agresivo (que soñó este mundo agresivo) y los mismos pensamientos amorosos inspirados por el Espíritu Santo. En última instancia, reconoceremos que no hay nada que perdonar porque no estamos separados (ni unos de otros ni de Dios) y, por lo tanto, en realidad no ha sucedido nada. En ese momento sabremos que todo esto es una ilusión.
Kenneth Wapnick – Preguntas y respuestas
Un símbolo para tu mente dividida
Esta Voz actúa como el mediador necesario entre las interpretaciones del ego y el conocimiento del espíritu. Debes entender que el Espíritu Santo no es una persona literal ni un ente físico, sino un Pensamiento de amor puro y abstracto. El Curso le otorga forma y voz porque todavía crees que eres un cuerpo y necesitas símbolos que puedas reconocer. Él representa a tu mente recta, la parte de ti que aún recuerda la verdad en medio del sueño.
Él no te exige sacrificios, pues sabe que el sacrificio no tiene ningún sentido en la realidad de Dios. El Espíritu Santo simplemente te pide que le entregues tus secretos para que Él los desvanezca con Su luz. Sus decisiones reflejan siempre lo que Dios sabe acerca de ti y te protegen del error. Al unirte a Él, permites que la paz de Dios reemplace a toda la angustia de este mundo. Su función termina cuando recuperas la conciencia de perfecta unidad con Dios y retornas a la eterna Amorfia de tu Fuente.
Si no tuviéramos el Espíritu Santo estaríamos muy muy perdidos en este mundo. Desde luego no se puede considerar como una palomita o una llamita o un fantasmita. El Espíritu Santo al final es un símbolo que nos ayuda a recuperar la paz.