Lo que Ken Wapnick llamaba a veces el “bypass” (o lo que hoy conocemos como bypass espiritual) es una de las trampas más comunes y peligrosas para los estudiantes del Curso.
Aquí te explico en qué consiste según sus enseñanzas en las fuentes:
1. Usar el Nivel Uno para negar el Nivel Dos
Ken explica que el Curso tiene dos niveles: el Nivel Uno (la metafísica pura: “el mundo no existe”, “el pecado no es real”) y el Nivel Dos (la práctica: “cómo perdono a mi hermano ahora que estoy furioso”). El “bypass” ocurre cuando usas las verdades del Nivel Uno para evitar hacer el trabajo sucio del Nivel Dos.
Es decir, en lugar de mirar honestamente tu odio o tu miedo, dices: “No pasa nada porque el mundo es una ilusión”. Ken decía con humor que esto es “meta-schmetafísica”: usar la teoría como una cortina de humo para no mirar al ego.
2. “Ser espiritual” en lugar de “ser normal”
Ken insistía mucho en que los estudiantes debemos ser normales. El bypass espiritual te lleva a creer que eres “demasiado elevado” para tener sentimientos humanos. Wapnick criticaba mucho a los estudiantes que, por ejemplo:
- No van al médico o no toman una aspirina diciendo que “el cuerpo no existe”, cuando en realidad están muertos de miedo.
- No muestran compasión ante el dolor de alguien, soltando perogrulladas como: “Tu enfermedad es solo una defensa contra la verdad”.
3. Retirarle a Jesús el material de trabajo
Al hacer este bypass, Ken decía que le estás quitando a Jesús lo único con lo que puede trabajar: tu experiencia honesta de estar aquí. Si niegas que estás enfadado o que te duele algo porque “no es real”, no puedes perdonarlo. Para que el Espíritu Santo sane tu mente, primero tienes que traerle la ilusión y decirle: “Mira, me lo he creído, me duele y tengo miedo”.
4. La cara de inocencia
El bypass también es una forma de mantener la “cara de inocencia”. Al decir que ya “sabes” que todo es una ilusión, te colocas por encima de los demás y escondes tu propia culpa bajo una capa de santidad.
En resumen, amigo, Ken siempre nos recordaba que el camino al Cielo pasa por mirar el infierno del ego, no por saltárselo con frases bonitas. La verdadera práctica no es declarar que no tienes ego, sino mirar con Jesús lo mucho que todavía crees en él sin juzgarte por ello