Últimamente rezo bastante como dice el curso, simplemente unirme al padre en la mente, y luego “pido” por gente, pedir por gente quiero decir que incluyo personas que aparecen en el sueño, supongo que como una forma de integrarlas en mi, o de unirme a mis hermanos con el padre.

Me parece curioso que en ese estado, justo antes de hacerlo, mi corazón llama a todo el mundo, a personas con las que tengo desavenencias, con las que tengo problemas, con las que supuestamente me “llevo mal”. Es como si una parte de mi las quisiera y las amara, esa parte de mi que quiere unirse con el padre. Es curioso también que en el día a día, cuando no estoy en ese estado, puedo llegar a detestarlas. Me sorprende ese contraste.

Esta es una experiencia muy reveladora y es el núcleo de lo que Un curso de milagros intenta enseñarnos sobre la naturaleza de nuestra mente. Ese contraste tan marcado que siento se debe a que mi mente está dividida entre dos sistemas de pensamiento totalmente opuestos: el del ego y el del Espíritu Santo.

Cuando nos unimos al Padre en oración, estamos entrando en lo que Kenneth Wapnick llama la “mentalidad recta“, un lugar donde el recuerdo de la unidad de la Filiación es real y donde comprendes, aunque sea por un instante, que tus hermanos no son entes separados, sino parte de tu propio Ser.

Aprendizaje en la oración

En ese estado de oración, dejas de ver las diferencias físicas y de personalidad para reconocer que incluso aquellos con quienes tienes desavenencias están compartiendo contigo el mismo sueño de dolor y el mismo anhelo profundo de volver a Dios. Tu corazón los llama porque, como bien explica Gary Renard, en la realidad absoluta no hay nadie fuera de tu mente, y el amor que sientes por ellos en ese momento de paz es el reflejo del Amor de Dios que te incluye a ti y a toda la creación como uno solo.

Sin embargo, al volver a tus actividades diarias, es muy común caer de nuevo en la disociación, un mecanismo de defensa que el ego utiliza para mantener estos dos estados mentales separados y evitar que la luz de la verdad disuelva tu identidad como un individuo especial.

Jon Mundy nos recuerda que el ego siempre habla primero en este mundo y su objetivo es proteger tu existencia como un cuerpo separado, lo cual requiere que percibas intereses contrapuestos y mantengas juicios contra los demás. Por eso, cuando no estás en ese estado de unión mental, esas personas vuelven a parecerte “extraños” o enemigos a los que necesitas detestar para reforzar el muro del especialismo que te mantiene “a salvo” de la unidad, la cual el ego percibe como una amenaza de aniquilación. El Curso enseña que ese odio que sientes es en realidad tu propia culpa inconsciente por creer que te separaste de Dios, la cual proyectas en ellos para no tener que verla en ti mismo.

Esos momentos en los que “detestas” a alguien son, según Wapnick, tu verdadera “aula de clase”, pues te muestran exactamente dónde has puesto las barreras al amor que experimentas tan claramente cuando rezas. Al incluir a todos en tu mente durante la oración, estás practicando el perdón real, que consiste en reconocer que lo que pensabas que tu hermano te había hecho en realidad no tiene efectos sobre la paz de Dios. No te juzgues por el contraste, ya que es la señal de que estás aprendiendo a identificar a los dos maestros en tu mente y de que, con cada oración, estás fortaleciendo tu pequeña dosis de buena voluntad para elegir finalmente la visión de Cristo sobre el juicio del ego.

Por David

Creador de uncursodemilagros.online. Estudiante y facilitador del curso desde el 2000. Autor del libro La paz como elección

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