Un curso de milagros no te pide que te sacrifiques quedándote en situaciones peligrosas o destructivas para “ser espiritual”. El énfasis nunca está en la forma, sino en el propósito y en la mente.
Es un error convertir el Curso en una moralidad espiritual o en una exigencia de comportamiento externo. El Curso no dice:
- Quédate donde te maltratan.
- Tolera abuso para practicar perdón.
- No pongas límites.
- No salgas de relaciones dañinas.
Eso sería confundir forma y contenido.
A veces las circunstancias nos obligan a estar donde estamos, e igualmente el perdón puede expresarse quedándome. A veces puede expresarse alejándome. La forma no es lo importante. Recuerda que el Curso es un entrenamiento mental individual.
El curso nunca me pide negar el miedo práctico dentro del sueño. Si un ambiente es caótico, abusivo o peligroso, puedo salir de ahí normalmente y sensatamente.
La práctica real consiste en observar: la proyección de la culpa, el juicio, la identidad de víctima, victimario la necesidad de especialismo, el odio, el miedo al amor, sin juzgarme por eso.
El curso no te pide ser un “buen mártir espiritual”.
Te pide mirar tu mente.
Permanecer en ambientes inseguros no es perdón. Eso muchas veces es culpa disfrazada de espiritualidad ya que el mártir espiritual puede creer inconscientemente:
- Mientras más sufro, más santo soy.
- Mientras más me sacrifico, más valgo.
- Dios estará más contento conmigo si me olvido de mí.
- Si no me exijo espiritualmente, soy malo.
Así que una relación o ambiente donde corres peligro, lo más razonable y sensato es que salgas de ahí, te pongas a salvo, y luego practica el perdón si quieres, y te das cuenta que hay culpa proyectada en la persona o situación.
El curso ni si quiera te obliga a practicar el perdón sino quieres. Aguarda pacientemente hasta que quieras cambiar de parecer. Así que no te juzgues y castigues, sino te da la gana de perdonar en este momento, respeta y honra tu libre albedrío y tiempo.
Así que sí, puedo decir:
- No quiero perdonar ahora.
- Todavía quiero tener razón.
- Todavía quiero mi resentimiento.
- Todavía no estoy dispuesto.
Y eso puede ser muchísimo más sano y honesto espiritualmente que fabricar una falsa “bondad” o una pseudo paz.
El curso nunca me habla de coerción. Me Habla de observar el costo de elegir al ego. Entonces, mientras no quiera cambiar de parecer, observo:
Cómo me siento,
Cuánta paz pierdo,
Cuánto conflicto produce,
Cuánto desgaste trae defender la separación.
Y un día, sin presión, quizás dices: Ya no quiero pagar este precio. Ahí comienza el verdadero perdón.
No porque “debería”,
Sino porque finalmente veo que el ego no me hace feliz.
O como le dijo Bill Thetford a Helen Schucman en medio del conflictos en su ambiente laboral: Debe haber otra manera.
Ahí la oruga🐛 se comienza a convertir en mariposa 🦋
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