“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, pon también la otra.”

Esta famosa frase de Jesús en el Sermón de la Montaña cobra un sentido profundo y radical cuando la miras a través de las gafas de Un curso de milagros. Aquí te explico qué significa realmente este mensaje de paz.

El fin de la ley de represalias

El ego inventó la ley del “ojo por ojo” para mantener vigente su sistema de separación y castigo. Esta antigua creencia refuerza la idea de que existen víctimas y victimarios reales en un mundo cruel. Al contraatacar a alguien, tú confirmas que el pecado del otro tiene sustancia y que posee el poder de herirte. Jesús nos ofrece una interpretación totalmente distinta a través del Curso. Él nos pide que no resistamos al mal porque la resistencia otorga realidad a las ilusiones. Si tú intentas defenderte, estás admitiendo que alguien puede atacarte y que eres un ser vulnerable.

La fuerza de la no resistencia

Esta enseñanza te invita a abandonar la dinámica de guerra constante que el ego propone. El amor de Dios constituye tu única seguridad real y absoluta. Al no ofrecer resistencia, tú demuestras que el sistema de pensamiento del mundo carece de poder sobre tu mente. Tú dejas de validar la existencia de aquello que Dios no creó. La resistencia mental solo hace que el error parezca sólido, ineludible y terriblemente amenazante. En cambio, la indefensión representa la verdadera fortaleza porque reconoce al Cristo que vive en tu interior.

Pon la otra mejilla como símbolo de plenitud

Ofrecer la otra mejilla significa mostrarle a tu hermano tu propia plenitud en lugar de tu miedo. Tú le demuestras que sus aparentes ataques no producen efectos reales en tu paz interior. Al no reaccionar con ira, das testimonio de su inocencia original y de la tuya. Tu invulnerabilidad deshace la causa del pecado del otro porque le pruebas que su acción no ha tenido consecuencias en la verdad. Esta actitud mental borra las sombras del pasado y te libera finalmente de la pesada cadena de la culpa. Así reconoces que nada real puede sufrir amenazas y que nada irreal existe.

Una práctica mental, no solo externa

Debes entender que esta enseñanza no dicta necesariamente tu conducta física o externa en todas las situaciones. Tú todavía puedes establecer límites firmes o proteger tu cuerpo si alguien intenta dañarlo. La indefensión no implica que debas permitir el comportamiento destructivo ni que debas convertirte en un mártir. Lo más importante radica en el contenido de tu pensamiento y en el maestro que eliges en cada instante de conflicto. Tú perdonas a tu hermano por lo que en realidad no te hizo en el nivel eterno del espíritu. De esta manera, transformas cada situación difícil en un aula de clases perfecta para aprender el camino de regreso al hogar.

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