Según Kenneth Wapnick, la relación entre el mundo, la carne y el diablo en el platonismo, el cristianismo y el gnosticismo frente a Un curso de milagros se centra en la paradoja Dios-mundo: el intento de explicar cómo una Fuente perfecta y unificada pudo dar lugar a un universo imperfecto, material y fragmentado.
A continuación se detalla cómo cada tradición aborda estos conceptos y su integración en el sistema de pensamiento del Curso:
1. El Mundo (cosmogonía y realidad)
- Platonismo: Considera que el mundo físico es una copia imperfecta del mundo de las Ideas. Platón veía el cosmos como un “dios vivo” y armónico, aunque la materia subyacente fuera desordenada.
- Cristianismo: Sostiene que el mundo es una creación buena hecha por Dios de la nada. La imperfección no es inherente a la creación, sino fruto del pecado humano.
- Gnosticismo: Adopta una postura anticósmica. El mundo no fue creado por el Dios verdadero, sino por un ser inferior y a menudo malvado (el Demiurgo), funcionando como una prisión para las chispas de luz divina.
- Un curso de milagros: Wapnick señala que el Curso es acósmico pero no anticósmico. Enseña que el mundo es una ilusión y una alucinación proyectada por la mente como una defensa contra Dios. A diferencia de los gnósticos, no lo ataca como algo “realmente” malvado, sino que lo utiliza como un aula de aprendizaje para el perdón.
2. La carne (el cuerpo y el ego)
- Platonismo: El alma está encarcelada en el cuerpo. El cuerpo es una carga que impide la visión de la verdad, aunque Platón no abogaba por un ascetismo extremo.
- Cristianismo: El cuerpo es parte de la creación de Dios y, por tanto, es intrínsecamente bueno, aunque haya sido corrompido por el pecado. Se espera su resurrección física final.
- Gnosticismo: El cuerpo es la tumba del espíritu y el instrumento definitivo de los arcontes para mantener al alma en el olvido. Existe un fuerte rechazo hacia la sexualidad y la reproducción por considerarlas trampas materiales.
- Un curso de milagros: El cuerpo es totalmente neutro; no tiene vida ni puede morir. Es la “encarnación” del pensamiento de separación del ego, fabricado para probar que la separación ocurrió. Para el Espíritu Santo, se convierte en un medio de comunicación para enseñar el perdón.
3. El diablo (el origen del mal)
- Platonismo: El “mal” no es una entidad, sino la resistencia de la materia al orden divino o la ausencia de bien.
- Cristianismo: El diablo es Lucifer, un ángel caído real que se opone a Dios y tienta a la humanidad. El mal tiene una realidad ontológica después de la caída.
- Gnosticismo: A menudo identifica al diablo o principio del mal con el Dios creador del Antiguo Testamento (Ialdabaoth), un ser ignorante y arrogante que cree ser el único Dios.
- Un curso de milagros: El diablo no es un ser externo, sino la creencia en la separación. Es un pensamiento demente que niega la Paternidad de Dios y se manifiesta como el sistema de pensamiento del ego basado en el pecado, la culpa y el miedo.
La síntesis de Kenneth Wapnick
Wapnick argumenta que Un curso de milagros representa el cénit del pensamiento occidental al integrar estas tradiciones. Logra resolver la paradoja Dios-mundo mediante un no-dualismo puro que afirma que solo Dios es real. Mientras que el gnosticismo cayó en el error de dar “realidad psicológica” al mal y al cuerpo (combatiéndolos), el Curso enseña que la solución no es la lucha, sino el despertar del sueño a través del milagro.
En esencia, la salvación consiste en reconocer que el “criminal” no es el mundo ni el diablo, sino la decisión de nuestra propia mente de elegir el sistema de pensamiento del ego en lugar del amor de Dios.
Resumiendo:
Analogía: Imagina que el Cielo es una luz blanca infinita. El mundo y la carne son como una película proyectada en una pantalla; los gnósticos odian la película porque creen que los tiene atrapados, los cristianos creen que Dios mismo filmó la película, pero nosotros la estropeamos, y los platónicos dicen que la película es un reflejo borroso de la luz. Un curso de milagros nos recuerda que somos el espectador que puede elegir apagar el proyector (el ego) en cualquier momento al reconocer que las imágenes no tienen poder sobre la luz.