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El origen de tu mundo: la proyección

La proyección constituye el mecanismo fundamental que fabrica tu experiencia del mundo. Lo que ves fuera de ti no posee una realidad objetiva e independiente. Tu mente funciona como una cabina de proyección donde reside la película de tus pensamientos. El mundo físico actúa simplemente como la pantalla sobre la cual lanzas esas imágenes internas.

Tú primero miras en tu interior y decides qué clase de mundo quieres ver. Luego proyectas ese deseo hacia afuera y el mundo te devuelve el testimonio de tu estado mental. Por lo tanto, el mundo es la imagen externa de una condición interna. La percepción nunca es un hecho objetivo, sino una interpretación basada en tus deseos.

La unidad indivisible entre causa y efecto

La proyección y la percepción resultan ser lo mismo porque la causa y el efecto nunca se separan. El acto de pensar y sus resultados ocurren de manera simultánea en tu mente. No podrías contemplar nada externo si primero no hubieras elegido un sistema de pensamiento interno que proyectar. Tu mente representa la causa única y el mundo percibido representa el efecto inevitable.

Las ideas jamás abandonan su fuente. Este principio implica que el pensamiento de separación sigue estando en la mente que lo proyectó. Aunque tus ojos te informan de un mundo externo, ese mundo permanece unido a su origen mental. El interior y el exterior son lo mismo porque el universo físico es solo un pensamiento al que le diste forma.

El propósito defensivo del ego

El ego utiliza la proyección como un arma para liberarse de la culpa interna. Él te aconseja que deposites tus problemas en los demás para que ellos parezcan los responsables de tu malestar. De esta manera, el ego te convence de que eres una víctima inocente de un mundo hostil. Al ubicar el problema fuera de ti, aseguras que jamás regreses a la mente para cambiar tu decisión.

La percepción engaña porque el ego fabricó los ojos del cuerpo específicamente para no ver la verdad. Estos órganos te informan únicamente de ataques, diferencias y separaciones. Sin el pensamiento previo de juicio en tu mente, los sentidos no tendrían nada que mostrarte. Tú ves lo que esperas ver porque has invitado a los testigos que confirman tu elección interna.

La curación mediante la inversión del proceso

La verdadera sanación requiere que reconozcas que el mundo no te hace nada a ti. Tú te haces todo esto a ti mismo a través de tus propias proyecciones. El milagro consiste precisamente en devolverle a la mente su función de causa. Al retirar tus proyecciones, dejas de ver enemigos externos y empiezas a ver espejos de tu propio estado interno.

Cuando eliges al Espíritu Santo como maestro, Él cambia el propósito de tu percepción. Lo que antes servía para condenar y separar, ahora sirve para perdonar y unir. La percepción sigue siendo una ilusión, pero ahora refleja tu deseo de despertar en lugar de tu deseo de seguir durmiendo. La paz llega cuando reconoces que no hay nada afuera porque nunca abandonaste la unidad de tu Fuente.

Por David

Creador de uncursodemilagros.online. Estudiante y facilitador del curso desde el 2000. Autor del libro La paz como elección

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